
El siguiente cuento corto es cortesia del Increible Gaider Abdul, a quien agradezco el tiempo que le dedico a esta sección dentro de su apretada agenda.
.:: HOLOGRAMA FICCIÓN
por Gaider Abdul
por Gaider Abdul
David García se apresuró a tomar sus herramientas, se acomodó la camisola y se peinó el pelo uniformemente hacia atrás. Se dirigía al departamento 4BV2; muy temprano en la mañana el licenciado Francisco Rebollar le dijo que estaba cansado de la combinación de colores de su vivienda; quería algo más formal y moderno.David contuvo lo mejor que pudo su emoción y prometió que para la noche ya estaría listo el “nuevo cambio de imagen”, despidió al contador y cerro rápidamente la puerta. Estaba emocionado, sabía qué se encontraba en el 4BV2; se encontraba la mujer de la que estaba enamorado.
La había conocido hacía tres semanas; un día el licenciado lo mandó a llamar por un falso contacto, algo muy fácil de reparar, pero cuando ella le abrió la puerta simplemente quedó conquistado, a partir de ese día en lo único que pensaba David era en cómo hacer para regresar a ese lugar. Y ahora, por fin había sucedido. Era su oportunidad.
Cuando estaba por salir del departamento de intendencia observó su escritorio; tomó una servilleta blanca de papel y la convirtió con unos cuantos movimientos circulares en una hermosa rosa de papel que guardo cuidadosamente en la bolsa izquierda de su camisola, “Muy cerca de mi corazón”, pensó, esbozó una pequeña sonrisa, cogió sus herramientas y camino apresuradamente hasta el departamento del Señor Rebollar.
Tocó 3 veces, no hubo respuesta. No había nadie en casa, hizo una mueca de tristeza y se dispuso a teclear su contraseña maestra en el teclado junto a la puerta, los paneles de acero cromado cambiaron de posición y dejaron el paso libre para el delgado conserje. Cuando entró al departamento se escuchaba como música de fondo en el reproductor “On the sunny side of the street”, lo habían dejado funcionando.
Sintiendo el peso de la derrota en su espalda, David se dispuso a apagar la placa de luz sólida que protegía el puerto de interfaz que controlaba el color de las paredes; conectó su vieja portátil 4000X1PANZER y comenzó a decidir los cambios en la decoración del lugar, estaba por decidir qué combinación de colores a usar cuando se encontró con una compañía inesperada : Envuelta en una bonita toalla rosa húmeda, su más grande amor salía del baño enmarcada por la espesa capa de vapor que ensalzaba su belleza.
Estaba aún más hermosa que como la recordaba; su piel era de un bonito color café ahumado con una textura sólo semejante al pétalo de una flor en primavera, su cabello era tan negro como un túnel del que no sabes si realmente existe una salida al final y debajo de la toalla se hallaban unos pechos maravillosamente acomodados en una esbelta figura y unas caderas bien torneadas.
David comenzó a temblar y antes de que ella reaccionara comenzó a decir:
–Y-yo he v-venido a cambiar la d-decoración del s-señor R-rebollar.
Ella lo observó detenidamente y le regalo una bella sonrisa que le alegró el corazón dándole valor a aquel tímido jefe de mantenimiento.
–Pero q-quiero decirle que no sólo he venido a eso, –sacó de su camisola la rosa de papel y siguió –Desde la primera vez que te vi , me enamoré de tus ojos y de tu sonrisa. Tal vez no tenga los recursos del licenciado, pero puedo amarte más de lo que te han amado en toda tu vida. ¿Le gustaría salir conmigo algún día? Digo, solo para platicar ó tomar algo…
De pronto se sintió muy estúpido. David era un hombre delgado de unos 1.72 mts de alto, de ojos verdes y que usaba un bigote parecido al de los forajidos de las viejas películas western de los 60’s y su ropa de trabajo contrastaba demasiado al expresarle su amor a aquella bonita figura, se puso tan rojo como el acero siendo templado y bajó la mirada apenado. La mujer de sus desvelos lo miró fijamente durante un segundo, tomó la flor y se abalanzó hacia adelante un gran abrazo y un beso que recordaría toda su vida. La tenía entre sus brazos, lo besaba con deseo y ella sonreía. ¡Ella sonreía!
Llegaron hasta la cama de aquel departamento y comenzaron a besarse apasionadamente; cada que él la abrazaba con fuerza ella lo miraba como si estuviera totalmente enamorada, como si estuvieran hechos el uno para el otro. El momento era perfecto, cada que él hacia una pausa para respirar le decía que la amaba y que la cuidaría el resto de su vida. En ese momento David se empezó a despojar de su ropa; tiro su camisa al suelo y rápidamente arrojo sus zapatos hacia la pared.
De repente su amada desapareció y el cayó de bruces sobre la cama, por un infinito instante no supo qué había pasado. Buscó rápidamente entre las cobijas, pero era inútil; ella no estaba allí.
Desconcertado comenzó a vestirse de nuevo; en el momento que fue por el zapato que arrojó se quedó atónito. Arriba de donde había caído el zapato se encontraba un panel grisáceo con un interruptor que marcaba en letras rojas “off”, lo accionó y de pronto la mujer de su vida apareció en la cama, al desactivarlo volvió a desaparecer. Al ver esto accionó de nuevo el panel y comenzó a mover la perilla y los demás botones en la placa; cada vez que accionaba un botón o giraba la perilla su amada cambiaba de alguna manera; se hacía más delgada ó más alta, morena ó rubia, pelirroja ó apiñonada. Era un holograma hecho de luz sólida al igual que las paredes del departamento, el amor de su vida era solo humo y espejos frente de un escenario.
A David se le rompió el corazón. Desactivo el holograma, puso en las paredes una combinación de plateado con negro sólido que pensó quedaría bastante bien con la fría personalidad del contador Rebollar, desconecto su portátil, guardó sus herramientas y salió lo más rápido posible de ese lugar de pesadilla.
Cuando abrió la puerta de su habitación, dejó caer débilmente su caja de herramientas en el suelo, se acostó en su cama, abrazó la almohada y comenzó a llorar con más dolor que el que había sentido en toda su vida. Lloró toda la noche hasta que el cansancio le permitió quedarse dormido.
Al día siguiente el contador tocó a su puerta de nuevo, le entregó una gran propina por el buen trabajo que había hecho al cambiar la decoración de su hogar. ¡Le había encantado! David aceptó la propina y nunca le contó a nadie sobre lo que había experimentado el día anterior.
Desde aquel día David García; el jefe de mantenimiento del edificio número 48 de la calle Eich Pi, lloraría desconsoladamente cada que escuchara “On the sunny side of the street”, todos los días dormiría abrazando fuertemente la almohada tratando de contener las lagrimas en sus ojos, jamás entraría de nuevo al 4BV2 y no volvería a enamorarse en toda su vida.
¡Hasta la próxima!



1 comentarios:
Ja...!!! tengo un compañero de trabajo que se llama "David Garcia"... XD
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